Metí un dedo, cogí un poco, lo puse en el cepillo y empecé a cepillarme. ¡Dientes! ¡Vaya una maldita cosa! Tenemos que comer y comer y volver a comer. Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedosy rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones.
Terminé de cepillarme los dientes y me volví a la cama. No me quedaba ninguna energía, ningún ánimo. No era más que una chincheta. Un pedazo de linóleo.
Terminé de cepillarme los dientes y me volví a la cama. No me quedaba ninguna energía, ningún ánimo. No era más que una chincheta. Un pedazo de linóleo.
(Charles Bukowsky, Pulp)

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