Lograron tal estado de intimidad que un momento después, sin darse cuenta, estaban hablando en murmullos.
-Quiero estar solo contigo -decía él-. Un día de estos le cuento todo a todo el mundo y se acaban los escondrijos.
Ella no trató de apaciguarlo. -Sería muy bueno -dijo-. Si estamos solos, dejamos la lámpara encendida para vernos bien, y yo puedo gritar todo lo que quiera sin que nadie tenga que meterse y tú me dices en la oreja todas las porquerías que se te ocurran.
La compra de los batiks o cómo aprender a regatear
Poco a poco, comprendiendo que la diferencia entre pagar 6500 CFAS, 1000 CFAS o 2000 CFAS depende de las ganas de negociar, las prisas, el tamaño de la sonrisa y el color de piel