"Al verlo totalmente repuesto, los shuar se le acercaron con obsequios. Una nueva cerbatana, un atado de dardos, un collar de perlas de río (...), hasta hacerle comprender que había pasado por una prueba de aceptación determinada nada más que por el capricho de los dioses juguetones, dioses menores, a menudo ocultos entre los escarabajos o entre las candelillas, cuando quieren confundir a los hombres y se visten de estrellas para indicar falsos claros de selva."
(L. Sepúlveda)
viernes, 13 de abril de 2007
un viejo que leía novelas de amor
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